Dirán que la expresión “Cuando no se puede, no se puede” es una sentencia sencilla y absurda, pero la
naturaleza humana, anárquica, egocéntrica, despreocupada e irreflexiva, le
resta valor por miedo a tener que afrontar que es así.
Cuando el
profesor Pablo Emilio Hurtado (historiador), padre de mí hermano de la vida
Pablo José Hurtado Mazza (músico), en una charla me dijera esa sentencia, la cual él acompañó
con el que era su deseo: que fuera inscrita en su lápida; de ella comprendí que
tanto el hacer lo que nos da la gana, como el querer lograrlo todo, es
factible, pero no siempre se puede lograr.
Y es allí
donde uno verdaderamente se prueba, en el fracaso o en el cambio radical de
estrategias para lograr los objetivos, o cambiar los objetivos para vivir con
nuevas estrategias.
Sí pudiésemos
hacer realidad todo lo que soñamos, podríamos interferir en la vida de los
demás y, en vez de morarla, la frustraríamos del todo, como hacen los villanos
o los que le cierran con mala intención las puertas a los emprendedores.
El “Cuando
no se puede, no se puede”, no es el fin de uno, sino un nuevo reinicio, con
aprendizaje, convicción y fuerza interna. Dispuestos a no fallar o mejor dicho,
no considerar a algo que no se nos dio como una falla. Sí puedo agregar a esto
algo de mi propia cosecha, les diré que “el hubiera, jamás existió”.
Para fallar
sin males ni remordimientos, vayamos actuando de buena fe. La otra mejilla no
es dejarnos golpear otra vez, sino poner la cara para seguir, mientras el otro
lado se recupera del golpe, el lado impoluto está guerreando y cuidándonos al
representarnos y demostrar que nada nos amilanó.
En algo
que sí hay que ser frío, es que la sentencia del profesor Hurtado, “Cuando no
se puede, no se puede”, aplica muy bien cuando la decisión no es al 100% de
nosotros, ya sea un permiso gubernamental, un crédito privado, una licencia
social o la decisión de ser la pareja de alguien.
En marketing
se utiliza el “el vendedor propone y el cliente, dispone”. Es la fuerza,
sustento, calidad y realidad de quien ofrece el que puede lograr cambiar las
cosas a su favor, aunque la decisión de terceros, es de ellos. Incluso hasta
las mejores ideas son desechadas, pero recordemos que la gente buena no es
intensa ni busca torcer la voluntad de otros, sólo propone y pone su honor como
garantía. Y la contraparte, sigue siendo la que decide.
Como dije
antes, “Cuando no se puede, no se puede”, no es dañar un terreno para hacerlo infértil
y que no crezca otra cosa. Es el punto de partida para volver a sembrar.
¡Cuántos
caprichos, errores, disgustos, peleas, egos, desgracias se aplacarían o
evitarían sí la gente entendiera esta máxima en toda su extensión!; el que el
límite sea el cielo, no implica que haremos lo que nos dé la soberana gana,
porque eso de “la perra gana” no es más que bilis; ahora, hacer lo debido y
saberlo exponer y proponer, es inteligencia y decencia en su máxima expresión.
Lo que no
se dio o ya se venció, algo nos debe haber dejado; pero sí nos enfrascamos en
la decepción, nunca podremos saborear el fruto de nuestra creatividad y acción futura.
Recuerden que en la pela contra el tiempo, siempre el humano va a perder
tratando de ganarle y ganará, acompañándole a su ritmo.
Gracias al
profesor Pablo Hurtado por darme a un hermano de la vida y una de esas muchas
frases que han cimentado mí manera de ser; no seré rico y despreocupado, pero
no vivo con los fardos de los errores u omisiones y sigo sonriendo dignamente
porque se que mal, no he hecho.
Hay que saber aceptar un no y comportarse vertical luego del mismo, como también saber qué hacer con un sí, para honrarlo.

Muchismas gracias!!
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