Ya
el hablar de los motivos de más de 8.000.000 de venezolanos para emigrar, son
bien sabidos. También los problemas por la mala aceptación de algunos por el
simple hecho de ser foráneos e incluso, por tener buen parecido y, como no
aceptaron sus pretensiones amorosas, se cometieron delitos contra ellos. Se le
suma a la poca pero bastante incidente tasa de subnormales de delincuentes que
fueron a rayarnos a los venezolanos. Todo eso es materia olvidada, y quiero
hablar de un caso familiar de venezolanos en Ecuador.
Sí,
mi prima y sus hijos se fueron a Ecuador ya hace unos 09 años, impulsados por
los problemas socioeconómicos y político ideológicos que afectaban a Venezuela.
Era eso o no tener dónde vivir y que les rindiera el dinero para sus gastos y
la educación de sus hijos.
Al
contrario de muchos que se fueron con necesidades pero sin un plan, salvo
aquello de “ser toderos” y no poder acostumbrarse al ritmo social de Quito o
Riobamba, mis familiares, así como amigos en ese y otros países, se fueron
organizados y centrados en el saber y el hacer (Plan A, B, C), ya que sabían
que debían labrar en menos tiempo que un local.
Mi
prima, siendo licenciada en Contaduría, comenzó a aplicar en su carrera, pero
encontró que había que buscar un “resuelve” para completar varios temas de
gastos propios del hogar. Y halló ese complemento en la repostería, de la que
tenía habilidades principales y las fue fortaleciendo, llevando y estableciendo
el sabor de los postres venezolanos en Ecuador.
Calendarios
llenos cada semana, le permitieron costear su hogar, que sus hijos se formaran
en liceos y universidades entre otros cursos y viajar y conocer a placer dentro
y fuera de la ciudad. Incluso pudieron tramitar la visa en Ecuador para
viajar a otros países, algo que para los venezolanos es bastante cuesta arriba
por los problemas ya citados, pero gracias a los asesores en el país y de
manera online, pudieron congeniar su situación migratoria regularizada y su
permanencia en el país.
Y
ese es el punto de esta carta: Regularizar, hacer todo por lo derecho así sea
impulsado por circunstancias presionadas por terceros. Saltarse la ley y no
sentarse a reflexionar el cómo y qué hacer para que el viaje no sea una
pérdida, es el requisito que muchos no supieron manejar y por eso les tocó
moverse de país o volver a Venezuela.
Ella
y sus hijos lo supieron hacer, utilizaron los trámites legales, la
organización, el saber ajustarse a las circunstancias y además rentabilizar de
manera práctica sus habilidades naturales o instruidas para que el agobio no
les cayera.
Quizá
tienen razón aquellos que dicen que en nuestro sistema educativo deberían de
implementar la educación financiera, para que cada joven y adulto sepa tener
organización y metodología para lograr objetivos y no tener tantos fracasos
dentro o fuera de las fronteras, entendiendo que la improvisación es aceptable
siempre que juegue en el tablero de la organización metódica.
El
que haya tantos venezolanos en Ecuador es frito de ser un país dolarizado,
pujante, de buen trato y con un léxico coloquial muy similar al venezolano y
que en medio de sus problemas de seguridad, se mantiene firme en apoyar a quien
lo necesita y espera la misma reciprocidad.
Quienes
puedan volver a Venezuela, llegado el momento, bienvenidos, quienes tengan
otros destinos a probar, pero a gusto, que les vaya bien. Y a esos venezolanos
en Ecuador que fijarán residencia, que sigan siendo felices y eficaces,
llevando al gentilicio venezolano en el corazón y a la patria que les ha dado
cobijo, en el pundonor.
Mi
prima y sus hijos así lo sienten y lograron, porque bien planificaron actuando
en caliente mientras pensaban en frío, y entre alzas y bajas, surgieron.
Así
también podremos en el país, ahora que hay varias estructuras cambiantes a
favor de la democracia, justicia, libertad y el respeto al derecho del prójimo,
que debe respetar al tuyo.

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