Prometer soluciones sencillas a problemas
complejos, es populismo. Y eso es muy malo, ya que el pueblo llano lo toma como
“dinero, una reparación estética, un slogan pegadizo”, lo que obviamente lo
transforma en algo malo.
La población en general cree que el populismo
deriva de lo popular, siendo concentos diferentes, que les involucra pero no
les une. Por eso, cuando un político les ayuda a contactar con una empresa (por
ejemplo, de vehículos) o a solucionar con un ente del estado (reparar un
cableado eléctrico), creen que eso es hacerle popular, cuando podría hacerle
evidentemente populista.
Pero, ¿Eso es malo?, porque parece bueno que por
fin alguien te escuche. Quizá estando en campaña y sin poder político, sea
bueno; sí lo hace estando en el poder y no resuelve las coyunturas que llevaron
a dicha falla o poca cercanía, es un populista manipulador.
Complicado, ¿Cierto?, pero como la mayoría de las
personas “come con los ojos” y valora las acciones concretas y no ve el trasfondo
y consecuencias, esto es más que suficiente. Y es así como la reparación de una
calle (parcharla), se transforma en un hito, pero nadie boga por el resto de
las calles y/o el motivo por el cual se dañó.
En fin, el populismo que resuelve una necesidad
pequeñas y hasta particular (unos emprendedores que necesitan una manito para
que las empresas grandes le surtan de producto y les den crédito), quizás es
algo exhibicionista, pero no es malo del todo.
Pero sí no se aprende del mismo para que a los
demás emprendedores del lugar a gobernar no les ocurra lo mismo, además de la valoración
del nivel de dicha necesidad, emergencia o urgencia, es populismo del malo.
Eso nos hace comprender que el populismo es el
recurso que utiliza la población para sacarle algo al político que busca un
cargo, por todo lo que luego no le dará. El político saca mayores réditos de
esto, pero la gente toma el obsequio que les dan, sin jamás pensar en las
consecuencias o pensar en grande.
Vemos pues que, aunque los libros sobre politología
indican que el populismo es el arma de manipulación del político, muchas veces
es la respuesta a la cuota que la gente ávida de soluciones le va a exigir,
resignados a que todo sea tomado como un paliativo y no una solución integral que
deje al problema verdaderamente resuelto.
Algunas aclaratorias sobre el populismo
Ayudar en lo trivial o no urgente no es populismo
en sí mismo, sino una forma de asistencia social o gestión cotidiana. Se vuelve
populismo o demagogia cuando estas acciones se usan de forma manipuladora para
construir una narrativa de "salvador", dividir a la sociedad y exigir
lealtad política.
En la ciencia política, el populismo no se define
por qué problema se resuelve, sino por cómo se aborda. Para
evaluar si una acción es populista hay que considerar estos factores:
·
Finalidad: ¿La ayuda busca resolver un problema estructural
de fondo, o es un favor visible diseñado para generar dependencia y ganar votos
a corto plazo?
·
Narrativa: ¿Se presenta al líder o al gobierno como un
benefactor magnánimo enfrentado a élites corruptas, polarizando a la población?
· Institucionalidad: ¿La ayuda se canaliza a través de leyes y procesos transparentes, o se entrega de manera arbitraria y personalista?
La gestión pública eficiente debe atender tanto las
necesidades urgentes como los asuntos cotidianos. La diferencia clave es que un
gobierno democrático busca solucionar problemas mediante políticas públicas
sostenibles, mientras que el populismo explota la ayuda trivial para ensalzar
la figura del líder y asegurar el apoyo popular.
Mientras se está en campaña electoral, no es más
que vínculo y la búsqueda del ganar / ganar, como oportunidad única. Pero
también pueden ofrecer planes concretos, integrales y factibles para solucionar
problemas grupales, alejándose un tanto de lo selectivo y así tratar a toda la
ciudadanía con el mismo respeto por igual.
Lo que sucede es que el populismo es más fuerte y
el hacer las cosas honestamente, para algunos muchos (demasiados diríamos), es
una utopía.

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