Reuben Morales
Responder a esta pregunta
no necesita de un gestor que vaya Registro por Registro buscando su partida de
nacimiento, tampoco contratar un servicio de ADN para ver sus orígenes y mucho
menos convencer a María Corina de que se haga una regresión por hipnosis. La
respuesta a esta pregunta uno ya la sabe con solo ver todo lo que hizo María
Corina para recibir su Nobel de la Paz, pues ahí uno entendió que…
María Corina es
venezolana porque estando ante la peor de las circunstancias, siempre sonríe.
María Corina es
venezolana porque tiene a su familia regada por el mundo, sin verla desde hace
años, pero sabe que a la hora de la chiquita ellos se unen sí o sí para sacarle
la pata del barro.
María Corina es
venezolana porque es capaz de disfrazarse hasta con peluca para evitar que la
matraqueen en una alcabala.
María Corina es
venezolana porque busca lo mejor para su gente, así deba rodar diez horas,
navegar en mar picado y volar doce horas más… todo en un mismo día.
María Corina es
venezolana porque sabe que, incluso yendo a Oslo para recibir el Nobel de la
Paz, se le presentará un imprevisto en la vía.
María Corina es
venezolana porque a pesar de que va tarde, no se esconde y llama para decir:
“Voy en camino”.
María Corina es
venezolana porque la puedes vez arreglada o desarreglada y en ambos casos se ve
majestuosa.
María Corina es
venezolana porque no saluda de “Hola” o dando la mano. Ella saluda de abrazo y
beso, así deba saltarse una baranda.
María Corina es
venezolana porque, para decir las cosas, no tiene pelos en la lengua.
María Corina es
venezolana porque, cuando un extranjero la conoce en persona, admite que es lo
máximo.
María Corina es
venezolana porque sabe que una celebración dura, mínimo, tres días: el día del
acto, el día de la cena familiar y el día de la rumba con los amigos.
María Corina es
venezolana porque no hay vértebra fracturada que la detenga.
María Corina es
venezolana porque sabe que, para vivir en un país, no hace falta residencia,
sino resiliencia.
María Corina es
venezolana porque es valiente.
Y María Corina también es
venezolana porque puede estar en un país de primer mundo, comiendo los mejores
platos, sin policía que la persiga, recibiendo atención cinco estrellas con
agua, luz, gasolina e internet, pero lo que más desea ella es acostarse en su
cama para quedarse dormida con la ventana abierta mientras la arrulla el cantar
de los sapitos en la noche. Lo que más desea ella, es volver a Venezuela.

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