“Transformers, robots in
disguise” (Transformers, robots disfrazados), era un lema y jingle de la serie
animada de TV y juguetes de Hasbro. El uso del disfraz (como vehículos) para
poder pasar desapercibidos. Algo que en los humanos no aplica, ya que
disfrazarse es más bien para ser notados en el cómo se ven y así la gente tome atención
de lo que digan y hagan.
Imaginemos que un grupo
de personas portan disfraces de animales originales, pues, hasta los más
reservados notarán su presencia y esas personas podrán hacer desde una representación
de la fauna autóctona, sea para promover un evento ecológico, una obra de
teatro o mercadear un producto, teniendo la atención visual.
Ya lo que respecta al
contenido y las formas expresivas, provendrán de sus talentos y preparación en
equipo; pero el uso del disfraz siempre será el gancho.
El uso del disfraz
Anteriormente, al menos
para Hispanoamérica, el uso del disfraz se limitaba a los carnavales, desde el
viernes hasta el martes. En algunos países como Venezuela se celebraba la
octavita, que no era más que un complemento para extender los desfiles de
carrozas, bailes públicos y privados, bochinches y el desparpajo propio de las
fiestas carnestolendas.
Pero ahora se ha
ampliado, ya que en octubre se toma la tradición norteamericana del Halloween y
los disfraces toman el matiz de la oscuridad y liberar más las inhibiciones,
además de burlarse de los elementos mitológicos, ya que eso representa esa
fecha, irrespetar a la mitología que precede al respeto del culto religioso,
cuando la gente se quita las máscaras y sale del gozo para buscar la comunión.
El uso del disfraz es también
parte de la generación actual amante del cosplay y la cultura del cómic. Tanto adquiridos
en tiendas online como ChindasVinto o confeccionados o
construidos por sí mismos, los disfraces les permiten vivir y hacer vivir la
fantasía a plenitud, sin perder la responsabilidad de su adultez ni todo
aquello bueno y valioso que aprendieron en su niñez.
Los disfraces son lo que
se puede ver y representar, pero siempre será la persona la que tendrá el
verdadero valor.
El valor de portarlo y
usarlo donde sea. El valor de saber que no existe el ridículo al usarlo, sino
más bien existe el ridículo de quien lo cuestiona o teme usar uno y representar
todo aquello que sueña. Quien se disfraza sabe quitarse aquello que le cohíbe con
o sin el disfraz puesto, porque vale por lo que es.
El uso del disfraz ha
mejorado los eventos públicos y al marketing. La foto con quien usa una botarga
de Pikachu o se construyó un disfraz de Mazinger Z o aquella cosplayer vestida
como Chun Li, representándola a cabalidad y sin complejos, siendo mujer y niña
a la vez, termina atrayendo e inspirando a diversos públicos.
Las fiestas infantiles, escolares
de adultos son más divertidas con disfraces, por el reto, el misterio y las
identidades. Y con el boom de los videos en redes sociales, quienes se
disfrazan y hacen representaciones acordes a la temática de su disfraz, ataren
más y mejores vistas.
Por lo tanto, habiendo
varios temas y subtemas en cada elemento de vida, el uso del disfraz es casi
que infinito, sólo requiere imaginación, disposición, óptica, creatividad y una
buena representación y la alegría, el disfrute y el impacto positivo en la sociedad,
llegarán solos y por montones.
¡DISFRÁZATE, ES UNA EXPERIENCIA QUE NUNCA DEBES DEJAR PASAR!

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