Varios Temas: COMER ACOMPAÑADO DE…

comer acompañado de

Vamos a saltarnos los momentos en que queremos estar solos, disfrutar de los sonidos externos -suaves preferiblemente- y de nuestras conversaciones mentales mientras comemos sea desayuno, almuerzo, merienda o cena. Pensemos en esos momentos que rezan el título “comer acompañado de”.

En ese instante, la comida es un bono adicional, el fruto de nuestro trabajo y el placer de elegir o experimentar, en realidad una bendición.

Pero la verdad es que lo que realmente vale es la compañía, el escucharle masticar, contemplar hacia dónde ve o qué gestos hace mientras mastica, el cómo ataca cada platillo o cada bocado y cómo se siente de satisfecha esa persona al terminar.

Ir a tu propio ritmo, ser tú sin pena, manteniendo los mejores niveles de educación y cortesía en la mesa, inculcados en el hogar y reforzado por años y años de convivencia social, en escuela, liceo, universidad, un pequeño restaurante familiar, un lujoso restorán o en la feria de comida de un centro comercial.

Las conversaciones, -medidas por las normas de etiqueta y el respeto mutuo-, son otra forma de alimentarse, de varios temas de interés o no, pero que vienen de una persona que en realidad te importa. Y eso hace que la comida sea más deliciosa y el lugar, sin importar cómo sea, se convierta en el mejor sitio del mundo para comer.

Les invito a recordar cómo se sienten luego de compartir con la persona amada, el buen amigo, la familia adorada, un compañero de trabajo agradable y confiable, con una persona que comparte el entorno, con un desconocido amable que pidió sentarse en la isma mesa que tú, incluso porque no había más puestos.

Hasta comer acompañado de alguien en un banquito o acera o silla plástica ante un puesto de perro calientes es más animado sí hay otro ser humano, se crucen o no palabras, sólo con actitudes afables y consideradas.

El corazón se regocija, el espíritu se siente en calma, el cuerpo digiere mejor, el ánimo se recarga. Varias sensaciones que no son del todo bueno negar aunque las llevemos celosamente y a la callada.

Esta es pues una forma de renovación y además de compartir, aligerar gastos y de probar nuevos platillos o distintas preparaciones cuando se come en la calle.

Y cuando es una cena familiar, sea cual sea el número de comensales, todo el esfuerzo se ve pagado al notar sus interacciones, las bendiciones y comentarios de todo tipo no solamente por la comida, sino por el placer de estar juntos en un mismo lugar.

Atesoren esos momentos, que son una energía adicional cuando la soledad o el tedio por la rutina se presentan con ganas de abrumar; las malas vibras se combaten con armas externas e internad.

Y en lo futuro, procuren crear momentos en los cuales comer acompañado de alguien que sea importante para sus vidas. Verán que incluso eludiéndolo, su ser por completo lo pide, lo exige y lo va a agradecer profundamente.

Porque no todo en esta vida se puede lograr en soledad, y ser felices es una construcción que necesita también de la colaboración del mundo que te rodea.

Lcdo. Argenis Serrano 

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