Hace unos años y, por las
investigaciones a un tercero, tuve que ir a un cuerpo policial a rendir
declaraciones. En la búsqueda de culpables o en su rutina del “policía malo y
el bueno”, quisieron comprobar mí honorabilidad y espetaron una frase que al
día de hoy sigo repudiando y es el título de este artículo: ¡Nadie es amigo de
nadie!
A mí parecer, la razón de
ese exabrupto es “o delato yo o me delatan a mí”, algo que quizá sirva para que
los ladrones se traicionen, pero para las personas de bien, es más un insulto y
una frase preocupante que hace dudar de los procedimientos para interrogatorios
o la calidad de evaluación a quienes rinden declaraciones o aportan información
a los detectives.
Tal fue el error
procedimental que terminaron siendo destituidos de sus cargos o llevados a
otras delegaciones a manera de castigo, por hacer que quienes podíamos brindar
elementos de aclaración y descarte, fuésemos presionados de tal manera como
para que la presión psicológica y el miedo nos llevase a pifiar y entregar a
alguien o culparnos o incluso decir algo que terminase siendo tomado como una confesión,
enredando con presión, deshumanización y negociar, algo que ni es factible en
un caso donde yo no era ni culpable, socio o involucrado.
Más allá de que es difícil
confiar en quien toca la dignidad humana -incluso se metieron contra mi hombría
y mí estado civil, queriendo que me sintiera culpable y de allí buscase excusas
para cometer delitos soterrados o directos, como hacen muchos resentidos-, pues
por encima de eso, entre las cosas duras que les escuché a 3 de los allí
presentes, es la convicción de que “nadie es amigo de nadie”.
Dudo en eso de que “nadie es amigo de nadie”
Claramente hay gente que
te traiciona, te olvida, te rechaza e incluso se aleja diciendo que te está
protegiendo de ella, sin contexto y haciendo que uno saque conclusiones y se
equivoque -como hacen creer los policías que narré y quién sabe cuántos más,
debido a que es un entrenamiento nacional-.
Pero es más la gente que
pasa y aunque no le vuelvas a ver, sigue siendo amiga. Hay amigos que en
principio te caían mal y demostraron tener más líneas de encuentro contigo (o
algunos paralelismos que se pueden ver y equiparar), que les consagran como
amistades a cuidar.
La distancia y las
vicisitudes de la vida no cambian jamás su status de amigos; hay amigas que
saben entregarse en pleno para que nada te falte, incluso hasta en lo más
íntimo, porque saben que la amistad es similar al amor en sincronía, compañía y
entendimiento.
Los amigos incluso
aparecen y desaparecen y dejan una huella nueva, como guiados por ángeles para
que aparezcan de las más diversas maneras y te salven de errores, te saquen de cuitas
o espanten a los fantasmas que la soledad convoca.
Una amistad de verdad te
dice lo que debes escuchar y no lo que te complacería escuchar, todo por tu
bien, siendo tu Pepe Grillo (conciencia) y sacándote de la autocomplacencia que
antecede a un visible error u omisión.
Decir que nadie es amigo
de nadie me preocupa por el entorno de esos policías y los de sus familiares,
que repiten ese mantra y comienzan a estar a la defensiva con ofensiva de
quienes no le están atacando.
Claramente que la amistad
tiene duras pruebas, pero uno no las debe poner, ellas vienen solas y se valora
cuando se caen las máscaras. Pero sí ustedes hacen una evaluación ya mismo,
¿Cuántas caretas se han caído ante ustedes y quedaron las mismas caras de
amigos o amigas reales y cuántas falsas?; las buenas siempre son más, sólo que
nos empecinamos en aferrarnos en la traición, que siempre viene de una amistad
que la acabó.
También debemos valorar
qué amistad somos, y saber que ni somos perfectos y no es un perfecto toma o
dame. Con tal de que no te perjudiquen, sales bien librada/o.
Pero eso de que nadie es
amigo de nadie, lo hacen para buscar la traición, no sólo entre quienes se
conocen, sino a tus mismos valores, entendimiento y convicción. Sólo tú -y tu
entorno de amigos consolidados, incluyendo consanguíneos o putativos-, puede
evaluar subjetivamente quién es realmente una buena amistad o al menos un
conocido para buen trato y departir en las circunstancias que la vida nos
lleva.
Les juro que, eso de que “nadie
es amigo de nadie”, me molesta, porque al día de hoy, siempre he sido amigo de
mis verdaderos amigos y quienes han traicionado mi amistad, sólo les doy indiferencia
o desconocimiento no vil (sí estuvieren en peligro, les ayudaría). No sé sí
alguien cree que no he sido un buen amigo, pero de mis amistades no tengo
quejas, porque como dije, les dejaría de hablar sí no me tratan, pero no les
podría odiar.
Porque mutar del amigo al
enemigo es un paso muy cruento y difícil que es mejor evitar, ya que pierdes
una amistad que es estrictamente necesaria para tu existencia: la amistad con
tus ideales, personalidad y deseos de no ser ni practicar, lo que criticas.
“Nadie es amigo de nadie”…qué
expresión tan asquerosa.
Gracias a Dios por mis
amigas y amigos desde el día que nací.
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Está expresión la popularizan mucho en los pueblos cuando alguien traiciona a otro
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