Vayan estas palabras para
quienes no son fans de Bad Bunny, porque bastante que las necesitan: Gracias y
mucha calma.
Gracias por mantener esos
niveles de respeto, coherencia, sentimientos y decencia que tanto se necesitan,
así usted sea la persona más coloquial, chabacana o quizá, malhumorada que haya
en su entorno. Porque sigue manteniendo a la inteligencia lógica al máximo y
sabe que lo que dicen las letras, las tonalidades, performance y actitudes del
producto Benito, no son válidas para esta ni ninguna generación.
Mucha calma, porque el
avispero se ha alborotado de fans que insisten en que es el ejemplo a seguir,
ya que le han abierto las puertas a la chabacanería, el desgano, el desparpajo,
el ridículo, quitándole fulgor a los valores y a la moral y luces que dijo
Simón Bolívar eran necesarias para surgir en la vida.
Actualmente, niños, jóvenes,
adultos, ancianos, ya piensan que la igualdad entre las personas es ir
igualmente en picada tanto en actitudes, respeto, educación, disciplina,
autocontrol, caballerosidad o actitudes de dama; véase que no hablamos de la
generación actual, sino de muchos que habían sido frenados por la moral y
buenas costumbres y ahora pueden actuar a sus anchas porque se sienten
amparados por la libertad de expresión como un derecho.
Para quienes no son fans de
Bad Bunny ese derecho es inalienable y no requiere pensamientos y sentimientos;
es decir, que no se debe pensar lo que se expresa y mucho menos sentirlo,
simplemente expresarlo y cuando las consecuencias positivas surjan, regodearse
crápulamente en ellas y cuando las consecuencias negativas surjan, eludirlas
por completo y buscar culpar a otros.
Para quienes no son fans de Bad Bunny
Tengan siempre claro que él es
sólo la marioneta que no conecta sus emociones con sus acciones, que sólo
quiere molestar porque le enseñaron que ser disruptivo es hacer molestar a los
demás, no hacerlos sentir, pensar, crecer y hermanar, ya que ello lo que haría
es alejarle de las letras de sus canciones (sí es que se les puede llamar así
sin sentirse pecado, tal cual se siente), de los ritmos, de su pronunciación
que insulta a quienes sí cantan aunque sea en la ducha y a enseñarles a todos a
vivir en una especie de sodomía que no permita evolucionar.
Hasta las personas más
brillantes, que son respetuosas y hasta escuchan o bailan con cierto
beneplácito y calma la música de Bad Bunny, saben que dista de todo lo bueno
que el arte de los sonidos puede brindar; simplemente lo callan para no verse
involucrados, porque conocen que su acción es retroalimentación.
Pero ni los más acérrimos fans
o quienes demuestran tolerancia son culpables que éste reguetonero o militante
del trap esté en vigencia. La culpa es de los productores, asesores e
inversionistas que buscan aturdir con ritmos y sonidos que incluso aminoran a
la concentración y a las ondas cerebrales, algo bastante premeditado.
Quieren exaltar los valores
latinos, ¡CON ANTIVALORES!, lo que refuerza aún más lo anteriormente dicho:
Quieren que las mayorías vean a la igualdad como la demostración de portarse lo
más indiferente posibles, como sobrevivientes, seres que no desean progresar y
que reconozcan que son fácilmente manipulables, pero no hagan nada más que
permitirlos porque ya llegaron al punto de “me da igual”; la sinvergüenzura
hacia sí mismos, demostración de estar cansados de batallar y ya sólo quieren
dejarse llevar.
Esto no es apofenia, es una
realidad; para quienes no son fans de Bad Bunny está demasiado claro, pero se
desgastan batallando con los que sí son fans y con los robots que son
contratados para reforzar esos antivalores en las vulnerables redes sociales,
el campo donde este sujeto Benito gana y que disfraza con sus presentaciones,
donde se muestra soberbio, gris, con ganas de molestar, como el provocador o
bullying del barrio.
Claramente hay sectores de
poder involucrados y combatirlos implica hablar de ellos –como leen en este
artículo-, donde caemos en un peligroso círculo de manipulación del Mass Media,
en el que toda publicidad o nombramiento es ganancia, ya que mientras los
producto perniciosos (Bad Bunny), estén amparados por grupos de poder, su
reinado y accionar estarán garantizados e inmunes a las críticas de quienes
aplican la lógica, inteligencia emocional, religión o al menos, un poco de
comprensión del castellano y la logopedia.
Desde acá, para quienes no son
fans de Bad Bunny les pedimos que no bajen la guardia. Esto no es una identidad
como el rock, el punk o la música andina, llanera o el tango, que nacieron de
descubrimientos del alma. Esto es una falsa identidad que va desde la
manipulación de neurociencia y el marketing, hasta el más abyecto proyecto de
dominación ideológica.
Lo bueno es que siempre habrá
miles y miles de canciones a nivel mundial que, incluso sin entender el idioma,
puedan identificarnos con otras culturas, momentos y tendencias, manteniendo
nuestra actividad neuronal activa y creativa. Así podremos contrarrestar los
niveles subnormales y enajenados de productos de estos productos marioneta que
provienen de productores simplones incapaces siquiera de buscar un diccionario
de rimas y ponerles sentimientos reales a las canciones, quizá porque adolecen
de dichas capacidades porque las intercambiaron por dinero con otros demonios.

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