La
gente se pregunta hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial, para
bien o para mal, para quitar o crear empleos, para generar contenido o
refutarlo.
Y entre
todos esos miedos, que abarcan varios temas (bueno, relativamente todos los
temas), la misma gente no se da cuenta de que la IA nos necesita.
Porque
sin las preguntas que generamos, ella no da respuestas; sin necesidades para
acelerar procesos, ella no puede brindar respuestas.
Nuestras
preguntas son las que activan sus búsquedas y con las mismas, ayudamos al
conglomerado (en este caso a ustedes, nuestros queridos lectores) a ser más
eficaces, prolijos, cultos.
Y son
sus interacciones, la bidireccionalidad que nos ofrecen, las que nos generan
más preguntas que con la ayuda de la inteligencia artificial, en la mejor de
las formas se busca responder.
Así que,
la respuesta a sus interrogantes sigue siendo la misma que ha generado las
soluciones más diversas en la historia de la humanidad: saber cuestionarse y no
dejar de buscar respuestas a preguntas válidas.
No es
la inteligencia artificial la que puede detener al conocimiento, sino nosotros
mismos cuando dejamos de pensar, buscar el qué, cómo, por qué, para qué, de
qué, a quién, cuándo, dónde.
Las preguntas
cuando son buenas, detonan otras preguntas. Así ha funcionado la filosofía por
siglos, hasta que consigue las respuestas.
Así que
no dejemos que el miedo a la IA nos domine, más bien vamos a sacar su mejor provecho,
no sin antes corroborar lo que nos responde, porque muchas veces ella misma
alucina y nos trata como los malos amigos: nos dice lo que queremos que nos
digan y no lo que necesitamos que nos digan.
En artículos,
imágenes, videos, códigos, robótica o domótica y más, la inteligencia
artificial nos necesita para existir, porque nuestra mente tiene más necesidad de
conocimiento de lo que pensamos y nuca lo podremos saber todo (gracias a Dios),
pero sí mucho, siempre y cuando pongamos de nuestra parte y no dejemos de
preguntar, soñar, imaginar, necesitar de sapiencia que transformemos en
acciones.
Los mejores
prompts para IA, son las preguntas y solicitudes sinceras, bien explicadas y
con ese toque de creatividad y esperanza de “sorpréndeme” que todos los
humanos, diciéndolo o no, sabemos que necesitamos.

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