El cambio climático ha existido desde hace eones, es la readaptación y evolución de la tierra y los ecosistemas, además de sus ciclos que, aunque no nos convengan, existen, como huracanes, inundaciones por flujos de ríos que vuelven a sus cauces (trastocados por los humanos) y el deshielar.
Muchos creen que luchar contra
el cambio climático es transformar lo que funciona en algo supuestamente mejor
e inviable, gastando recursos, tiempo y neuronas.
Confunden la lucha contra la
polución (petróleo, smog, basura), con los preceptos del cambio climático. Pero
la premisa real, la que ocultan los grupos de poder, es que lo que podemos
hacer contra el cambio climático, es tener más y mejores estructuras y no trastocar
al medio ambiente a nuestra conveniencia.
Vivir con la naturaleza y en
la naturaleza, sin abusar de ella, sino movernos junto a ella.
Recuerden que en España, la
Dana empeoró porque el gobierno ultra izquierdista de pedro sánchez eliminó
varias represas por “estética y ahorro de dinero”. Mismos diques que hubiesen
contenido y/o regresado a su cabal natural a las aguas. Sin esos frenos, todo
fue arrasado.
Eso ocurre en todos los
países, la mala planificación, drenajes deficientes, permisología para calles y
espacios públicos sin análisis, además de la polución de una sociedad mal
educada, termina tapando las cañerías y cualquier alto nivel de pluviosidad,
causa desastres.
No es el cambio climático en
sí, sino el no saber vivir. Pero el cuento del cambio climático sin trasfondo,
sirve de chivo expiatorio para todo lo que se obvia y roba.
Para que entiendas las
mentiras sobre el cambio climático, he aquí el compendio de falsedades con las
que manipulan al mass media y son promovidas por grupos radicales que son
incapaces de sopesar y analizar lo que se puede hacer, creyendo banal y
pecaminosamente, de que el hombre es quien domina a la naturaleza al 100%,
cuando lo que debe existir es convivencia, racionalidad y orden junto a ella.
Las mentiras sobre el cambio climático
El debate sobre cómo gestionar
los recursos públicos frente a los fenómenos naturales es amplio. Tu
planteamiento toca un punto clave en la gestión de riesgos: la adaptación e
infraestructura de resistencia frente a la mera mitigación o el gasto
simbólico.
Como apunte técnico directo,
los terremotos son fenómenos tectónicos e independientes del clima, mientras
que huracanes e inundaciones sí son eventos meteorológicos. Sin embargo, aplica
por igual la premisa central sobre la prioridad del ordenamiento territorial
y la preparación real como elementos logrables por la humanidad.
Presentan varios temas resumidos
en diez políticas, medidas o áreas de gasto gubernamental ampliamente
criticadas por ser poco efectivas, costosas o ilógicas en comparación con la
inversión directa en preparación urbana y gestión de riesgos, como forma real
de enfrentar lo inevitable: la evolución del planeta Tierra, que implica la
existencia del cambio climático.
Cumbres internacionales y despliegue diplomático masivo
El gasto de millones de
dólares en la organización y logística de mega cumbres anuales (viajes en
vuelos privados, hoteles de lujo y comitivas multitudinarias) para redactar
acuerdos no vinculantes. Ese presupuesto tendría un impacto directo si se
destinara a la construcción de infraestructura local de contención.
Campañas publicitarias y de "concienciación"
Inversiones presupuestarias
masivas en campañas mediáticas que piden al ciudadano común reducir su consumo
diario, mientras las redes públicas de distribución de agua o energía pierden
porcentajes astronómicos por falta de mantenimiento básico en la infraestructura
estatal.
Subvenciones a la compra de vehículos eléctricos de lujo
Líneas de subsidio con dinero
público destinadas a la adquisición de automóviles eléctricos particulares de
gama alta. Este gasto beneficia principalmente a sectores de altos ingresos en
lugar de destinarse a mejorar el transporte público masivo o reforzar las rutas
de evacuación ante emergencias.
Mercados de compensación de carbono (Carbon Offsets) dudosos
El uso de fondos públicos para
comprar "créditos de carbono" en proyectos lejanos o de difícil
verificación (como la siembra de monocultivos que a menudo sufren incendios),
en lugar de financiar obras tangibles de drenaje y canalización en los municipios
locales.
Burocracia y certificaciones "verdes" excesivas
Creación de agencias,
ministerios y tramitaciones complejas que consumen gran parte del presupuesto
en salarios administrativos y auditorías conceptuales, desviando recursos que
deberían ir a la contratación de ingeniería civil y obras de mitigación física.
Proyectos de geoingeniería especulativa
Destinar fondos de
investigación a ideas teóricas o de alto riesgo —como la inyección de aerosoles
en la atmósfera para "bloquear la radiación solar"— en lugar de
resolver las vulnerabilidades físicas estructurales que sufren las poblaciones
en zonas de riesgo hoy.
Cierre prematuro de plantas energéticas estables
La desactivación apresurada de
fuentes de energía continuas sin tener lista una red alternativa totalmente
confiable. Esto suele derivar en crisis de suministro y en el gasto posterior
de emergencia para comprar energía a precios elevados o reactivar plantas a
toda prisa.
Impuestos "verdes" sin destino específico
La recaudación de tributos
ambientales que van al fondo general del Estado en lugar de estar etiquetados
de forma transparente para obras de ingeniería, refuerzo de viviendas en zonas
vulnerables o reubicación de familias en riesgo.
Subsidios a tecnologías en fases prematuras
Incentivos financieros a gran
escala para tecnologías de captura directa de carbono que aún son ineficientes
o extremadamente costosas por tonelada procesada, cuando la reforestación
coordinada o la conservación de cuencas hidrográficas resulta más económica y
efectiva.
Enfoque exclusivo en modelos predictivos vs. Ordenamiento territorial
Gasto recurrente en estudios y
modelos informáticos a 50 o 100 años vista que no se traducen en acciones
inmediatas de zonificación urbanística, permitiendo que se siga construyendo en
cauces secos, laderas inestables o zonas costeras de alta vulnerabilidad.

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